fbpx

Falta poco para que Chile pueda escribir una nueva constitución, por eso #YoApruebo 

Tiempo restante...

Ciudadanos Somos Todos
Un sondeo de salud mental en tiempos de Covid-19 reveló que un 79,5% de los encuestados cree que la pandemia ha afectado negativamente las emociones en su entorno cercano. A su vez, un 56% dice haber sentido ansiedad y un 54,1% frustración por lo que estamos enfrentando. Todo esto enmarcado en un contexto previo, pues nuestro país ocupa un poco auspicioso segundo lugar en tasa de suicidios dentro de los países del OCDE.

La emergencia sanitaria a la que prolongadamente nos enfrentamos, ha traído en Chile varias complicaciones anexas, y una de las más preocupantes es el estado de la salud mental de las personas. En la misma medida en que han aumentado la cantidad de contagiados y las cuarentenas, también lo han hecho el estrés, la ansiedad y la depresión, que se han empinado en una peligrosa curva pandémica.

Un sondeo de salud mental en tiempos de Covid-19, realizado por la Asociación de Municipalidades de Chile (AMUCH), reveló que un 79,5% de los encuestados cree que la pandemia ha afectado negativamente las emociones en su entorno cercano. A su vez, un 56% dice haber sentido ansiedad y un 54,1% frustración por lo que estamos enfrentando. Todo esto enmarcado en un contexto previo, pues en el año 2019 nuestro país ocupaba un poco auspicioso segundo lugar en tasa de suicidios dentro de los países del OCDE.

Los problemas de salud mental en nuestro país se originan en un conjunto de factores, algunos de los cuales dicen relación con la profunda desigualdad que nos caracteriza como sociedad, que lamentablemente se ha acentuado durante esta pandemia.

Las condiciones de vida de las personas se ven fuertemente afectadas por factores como los siguientes: entornos de alta vulnerabilidad y violencia; viviendas que facilitan el hacinamiento; falta de áreas verdes; familias y entornos cercanos disfuncionales; acceso deficiente a salud, educación y a pensiones de estándares dignos, entre otros. Por si fuera poco, las trabas e ineficiencias de la salud pública colaboran con que no se generen las condiciones para la atención oportuna, sistemática y adecuada de cada paciente afectado por una dolencia o trastorno de este orden.

Actualmente, el Estado de Chile presenta una deuda histórica con la salud mental, reflejada de manera concreta en el presupuesto asignado a esta área, que es de apenas un 2,1% del presupuesto total de salud: tres veces menos de lo recomendado por la OCDE.

El sistema de salud comunitario existente requiere, de manera muy urgente, una actualización que sitúe como principales pilares los derechos humanos, la descentralización y la aceptación de la interculturalidad del nuevo Chile, así como de sus múltiples modos de vida. Además, urge dejar de tratar las patologías desde el síntoma, para comenzar a abordarlas de forma estructural, desde la base de una política pública que se adapte a la realidad que se enfrenta a diario en la Atención Primaria de Salud (APS), tanto como considerando las problemáticas sociales que viven y seguirán viviendo los ciudadanos durante la pandemia, y luego en la profunda crisis económica que ya comienza a manifestarse con crudeza.

Fuente: El Desconcierto

Durante el transcurso de la pandemia nos hemos visto enfrentados a las diversas falencias de nuestro sistema de salud, pero hay una en particular, que a quienes trabajamos en el área, nos duele y preocupa: el debilitamiento progresivo de la atención en salud mental.

Como un modo de hacerse cargo de esta falencia, durante las últimas semanas el Rector de la Universidad de Chile, en conjunto con el Gobierno, pusieron en marcha un plan orientado a prestar apoyo y contención a la ciudadanía en estos tiempos difíciles, en que los cuadros de dolencias psiquiátricas y/o psicológicas se agudizan o aparecen. La estrategia se vale de principios de territorialidad e intersectorialidad, focalizándose con fuerza en grupos vulnerables, personal del área de la salud, personas con patologías previas y contagiados con COVID-19. Para ello, se utiliza como principal mecanismo la Atención Primaria de Salud (APS), con sus programas de intervención psicosocial.

En el papel, el programa suena bien, pero como suele suceder, la teoría dista mucho de la realidad. Los bajísimos presupuestos del área de salud mental, que fomentan una precarización de las condiciones de los profesionales, sumado a una sobresaturación de la APS por la contingencia de la pandemia, han dado como resultado un plan que no aterriza adecuadamente en los contextos sociales y culturales de nuestro país. A esto hay que sumar que las consultas son online, lo cual deja fuera a un gran número de familias que no tienen acceso a recursos digitales y, por cierto, a los adultos mayores, que no manejan estas plataformas.

Para brindar un sistema de salud mental eficiente en estos tiempos, es fundamental, primero que todo, abordar las patologías de forma estructural, posibilitando una atención igualitaria y accesible para cualquier persona, sin mediar brechas generacionales o socioeconómicas. Se podría, por ejemplo, utilizar recursos que ya existen y que han sido exitosos, como la atención telefónica gratuita. El presupuesto destinado a los profesionales de esta área debiera, asimismo, ser fortalecido. Del mismo modo, habría que sumar nuevas contrataciones e invertir en infraestructura.

Una cosa es lo que sucede por vía remota durante la pandemia, pero una vez que esta haya quedado atrás, el número de pacientes con cuadros patológicos agravados por la actual situación, pacientes que suspendieron el tratamiento y nuevos pacientes aquejados por cuadros depresivos y ansiosos, requerirán de un robustecimiento del sistema de salud mental que, desde ya, se debiera estar abordando.

No te pierdas las novedades y actividades del partido

Síguenos y juntos hagamos correr la voz
Partido CiudadanosPortal Transparencia
Brium
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram