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Durante el transcurso de la pandemia nos hemos visto enfrentados a las diversas falencias de nuestro sistema de salud, pero hay una en particular, que a quienes trabajamos en el área, nos duele y preocupa: el debilitamiento progresivo de la atención en salud mental.

Como un modo de hacerse cargo de esta falencia, durante las últimas semanas el Rector de la Universidad de Chile, en conjunto con el Gobierno, pusieron en marcha un plan orientado a prestar apoyo y contención a la ciudadanía en estos tiempos difíciles, en que los cuadros de dolencias psiquiátricas y/o psicológicas se agudizan o aparecen. La estrategia se vale de principios de territorialidad e intersectorialidad, focalizándose con fuerza en grupos vulnerables, personal del área de la salud, personas con patologías previas y contagiados con COVID-19. Para ello, se utiliza como principal mecanismo la Atención Primaria de Salud (APS), con sus programas de intervención psicosocial.

En el papel, el programa suena bien, pero como suele suceder, la teoría dista mucho de la realidad. Los bajísimos presupuestos del área de salud mental, que fomentan una precarización de las condiciones de los profesionales, sumado a una sobresaturación de la APS por la contingencia de la pandemia, han dado como resultado un plan que no aterriza adecuadamente en los contextos sociales y culturales de nuestro país. A esto hay que sumar que las consultas son online, lo cual deja fuera a un gran número de familias que no tienen acceso a recursos digitales y, por cierto, a los adultos mayores, que no manejan estas plataformas.

Para brindar un sistema de salud mental eficiente en estos tiempos, es fundamental, primero que todo, abordar las patologías de forma estructural, posibilitando una atención igualitaria y accesible para cualquier persona, sin mediar brechas generacionales o socioeconómicas. Se podría, por ejemplo, utilizar recursos que ya existen y que han sido exitosos, como la atención telefónica gratuita. El presupuesto destinado a los profesionales de esta área debiera, asimismo, ser fortalecido. Del mismo modo, habría que sumar nuevas contrataciones e invertir en infraestructura.

Una cosa es lo que sucede por vía remota durante la pandemia, pero una vez que esta haya quedado atrás, el número de pacientes con cuadros patológicos agravados por la actual situación, pacientes que suspendieron el tratamiento y nuevos pacientes aquejados por cuadros depresivos y ansiosos, requerirán de un robustecimiento del sistema de salud mental que, desde ya, se debiera estar abordando.

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