fbpx
Ciudadanos Somos Todos

El estado crítico de la legitimidad de nuestro sistema de pensiones, reflejado en la polémica sobre el retiro del 10% de los ahorros previsionales, evidencia, una vez más, cuán necesarios son los cambios profundos en la materia.

Sin embargo, vemos que ni las reformas más cautas han sido posibles, por causa de una dinámica reiterativa: el mundo de las AFP y los sectores políticos afines llevan años declarando que hoy aprobarían la reforma del año anterior, a la que entonces se opusieron con uñas y dientes, mientras hacen lo mismo en la coyuntura actual. Este es un camino que, sumado a la tardanza y falta de coraje político de los gobiernos, nos ha llevado a propuestas crecientemente dañinas, como la expropiación de fondos, en un formato similar al de Argentina.

Un punto de partida para salir de este círculo vicioso sería la reforma que duerme en el Congreso. Recordemos que, entre varios importantes cambios, ésta convierte el sistema individual en uno mixto, a través de un incipiente pilar de reparto, cuyo crecimiento hacia el futuro debiera complementarse gradualmente con recursos fiscales. También se propone la creación de una nueva agencia pública, que estará encargada de recaudar y administrar un 3% adicional de cotización, licitando carteras a gestores de inversión, para luego sumar lo ganado a las pensiones.

La oportunidad radica en que este esquema de captador único y mercado de gestores de inversión, surgido a través de la negociación entre el gobierno y la Democracia Cristiana, bien puede extenderse paulatinamente para recaudar también el 10% que hoy va a las AFP, reemplazándolas en la práctica. Ese es el mismo esquema que propuso Andrés Velasco en 2017 y que podría poner fin al actual sistema de AFP, con todo el peso simbólico, político e histórico que ello implica.

En este nuevo marco, como sociedad nos ahorraríamos el peso de vendedores y marketing del sistema previsional, y veríamos competencia entre gestores, que hoy no vemos entre las AFP. Pero, más importante que dichas eficiencias, sería el giro hacia un sistema público que esté en mejores condiciones de dar garantías a las personas, ya convencidas de que ceder la administración de sus futuras pensiones a actores privados, que buscan más su propia rentabilidad que la de los cotizantes, es una mala idea.

También sería un demoledor golpe a la cátedra de parte de un presidente percibido como favorable a las empresas, quien podría salir del actual agujero político, construyendo de paso un potente legado en esta materia. Y, lo que es fundamental, la ciudadanía vería, por fin, el acto sacrificial por parte de la élite político-económica que ha estado esperando desde octubre, lo que destensionaría el ambiente de cara a la discusión de la nueva Constitución. En Ciudadanos no tenemos dudas de que la cancha está lista para un amplio acuerdo en esta dirección.

En plena discusión se encuentra la posibilidad de utilizar los ahorros previsionales como una herramienta más para enfrentar la actual crisis económica derivada de la pandemia que nos afecta. Incluso, existe la propuesta concreta, que suma adeptos día a día, de liberar un 10% de dichos ahorros para que las personas puedan disponer libremente de ellos, en caso de necesitarlos. Pero como suele suceder, la discusión se conduce desde extremos bastante cerrados a la divergencia, que no parecen estar evaluando la situación en todos sus bemoles.

Primero, otorguémosle un punto a quienes se oponen a tal idea: utilizar fondos previsionales como recurso disponible para darle un alivio a las familias durante una crisis económica normal, es demasiado costoso y muy poco efectivo si el objetivo es ayudar principalmente a quienes más lo necesitan. Y es que cada peso retirado años antes de jubilar implica dejar de tener más que ese peso a la hora de la jubilación. Es pan para hoy a cambio de varios panes menos para mañana. Y si consideramos que a lo largo de la vida laboral viviremos varias crisis económicas, hacer costumbre el retiro, cada cierto número de años, de parte de los ahorros previsionales, terminará aniquilando las pensiones futuras. En estas circunstancias, siempre será mejor un aporte público, incluso a costa de deuda, para satisfacer las urgencias inmediatas derivadas de una crisis.

Por otra parte, además de costosa, la medida es poco efectiva justamente por las falencias de nuestro sistema previsional: los ahorros están concentrados generalmente en quienes tienen mayores ingresos, pero no sólo por causa de los ingresos. También por lagunas de empleabilidad, formalidad de los empleos y diferente capacidad de ahorro previsional voluntario. Quienes ganan más, suelen ahorrar mucho más en el largo plazo. Por ello, facultar el retiro de un 10% de las pensiones, sería entregar un aporte muy significativo a quienes tienen más, y muy pequeño o incluso nulo, a quienes tienen menos y viven las mayores urgencias (desde el desempleo hasta el hambre). Otra razón, sin duda, para privilegiar aportes públicos de origen tributario. Por último, si se piensa en posteriormente devolver los ahorros retirados, el aporte público diferenciado sería nuevamente favorable para quienes tienen más.

En las antípodas, atendiendo a los argumentos de quienes están a favor de retirar parte de las pensiones, habría que concederles que esta no es una crisis económica normal. La pandemia es global, y es la mayor en impacto sanitario, social y económico en al menos un siglo. Uno pudiera esgrimir el argumento de que por única vez en nuestras vidas, se justifican medidas extraordinarias. Y si bien por lo explicado antes, los ahorros de las pensiones son un pésimo lugar desde el cual obtener dinero para la supervivencia de quienes más lo necesitan, bien puede ser un lugar mejor que obtener recursos de fondos destinados a la recuperación económica, una vez que hayamos pasado lo peor de la pandemia, sobre todo si Chile ya está llegando a niveles peligrosos de deuda. La medida propuesta puede constituir una ayuda efectiva para ciertas personas de clase media, que estén dispuestas a luego devolver esos recursos obtenidos con cargo a sus propios ahorros, o a posponer su jubilación, en la línea de lo propuesto por Joseph Ramos.

Lo importante es que no cualquier forma de usar los ahorros previsionales es positiva. La mayoría de sus posibles usos en la actual emergencia podría generar más daño que bien. Pero por la envergadura de la crisis, debemos estar abiertos a utilizar el recurso o, al menos, a conversar sobre el tema sin tapujos. El cerrarse a todo evento, sólo logra deslegitimar aún más el sentido de propiedad que las personas tienen en relación a sus ahorros previsionales. Entre no poder utilizarlos para nada cuando más se necesitan y darlos completamente por perdidos, hay un solo paso que abre la puerta a modelos populistas y dañinos a corto, mediano y largo plazo. Y en tiempos en que Chile, tal como buena parte del mundo, verá mayores niveles de deuda pública, eso es lo que menos necesitamos. Una discusión más abierta y honesta, en cambio, puede ser útil para encontrar mejores soluciones a la urgencia que hoy nos asola, sin hipotecar nuestro futuro más allá de lo conveniente.

No te pierdas las novedades y actividades del partido

Síguenos y juntos hagamos correr la voz
Partido CiudadanosPortal Transparencia
Brium
linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram